EL PECADO ENCUBIERTO

 

Entiéndase por encubierto algo o alguien cuya apariencia es engañosa, cuando tal apariencia es contraria a la verdad. En el caso del tema que nos ocupa, “El Pecado Encubierto” trata de una cualidad humana que aparenta ser favorable para ser justificado ante Dios, cuando es precisamente todo lo contrario, pues resulta ser uno de los peores pecados porque hay multitudes de personas engañadas por el mismo.

 

Rectitud Humana (Self Rigthteousness)

Rectitud Humana o Justicia Propia del hombre es un pecado encubierto porque la persona que desconoce la Palabra de Dios no sabe que, ante Dios, es un pecado creerse que uno es justo y bueno, cuando creer así contradice lo que Dios declara en la Biblia: “No hay justo, ni aun uno…No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno…” (Romanos 3:10-18). El sabio Salomón escribió: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7:20). El Apóstol Pablo rechazó depender de su propia justicia cuando declaró: “Y [yo] ser hallado en Él, no teniendo mi [propia] justicia, que es por la Ley, sino la que es por la Fe de Cristo, la Justicia que es de Dios por Fe” (Filipenses 3:9).

 

El Pecado de Job

El pecado de Job era nada menos que “El Pecado Encubierto”. Dios lo había declarado perfecto y justo porque era hombre temeroso de Dios, y de Fe inquebrantable. Al igual que Abraham que creyó a Dios y le fue imputado a justicia. Para Dios la Fe equivale a Justicia. No olvide esta ecuación divina: <la Fe equivale a Justicia> (Génesis 15:6). En el primer capítulo de Job encontramos que Job ofrecía holocaustos diariamente por sus diez hijos e hijas. “Porque decía Job: Quizás habrán pecado mis hijos…”  Pero no dice que ofrecía holocaustos por sus propios pecados. ¿Por qué no? Es posible que Job pensara que no tenía pecado. Eso se llama justicia propia (self rigthteousness). Ése es el pecado encubierto.

 

En el A.T. el Sumo Sacerdote hacía sacrificio por sus propios pecados

En Levítico 16:11, leemos: "Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo." Estas son las intrucciones de Dios aun para el Sumo Sacerdote, hombre santo, escogido de Dios. ¿Por qué tenía que hacer sacrificio por sí mismo? Simplemente porque era pecador. Pues "Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque" ( Eclesiastés 7:20). "Como está escrito: No hay justo, ni siquiera uno" (Rom 3:10). Por lo tanto, podemos concluir que Job era pecador al igual que todos nosotros, pero Dios dice que era perfecto y recto. Eso mismo Dios dice de Noé (Génesis 6:9). Pero sabemos que eran pecadores. La única explicación es que Dios les atribuye Justicia, pues <la Fe equivale a Justucia>. Es por eso que la Fe en Cristo es mucho más preciosa que el oro (1Pedro 1:7).

 

Job reclama su Propia Justicia, pero luego tiene que arrepentirse

Escuchemos algunos de los argumentos de Job reclamando su propia justicia: “He aquí ahora, si yo expusiere mi causa, Sé que seré justificado… ¿Cuántas iniquidades tengo yo? Hazme entender mi trasgresión y mi pecado” (Job 13:18-28). Más adelante Job continúa diciendo: “Mi rostro está inflamado por el lloro, y mis párpados entenebrecidos, a pesar de no haber iniquidad en mis manos, y de haber sido mi oración pura” (Job 16:16-17). Pero al final de cuentas, veamos como Dios corrige a Job de su propia justicia: “Cíñete ahora como varón tus lomos: Yo te preguntaré, y tú me responderás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí para justificarte tú?” (Job 40:7-8). Ante esta revelación de Dios, Job reconoce que su propia justicia es pecado, y dice: “…Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía…Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza (Job 42:3-6). Después de su arrepentimiento, Job fue bendecido y prosperado grandemente por Dios.

 

La Justicia de Dios Imputada al Creyente

Hay varios personajes en la Biblia que Dios declara que son perfectos y rectos. Entre ellos encontramos a Job y a Noé (Job 1:1 y Gen 17:1) respectivamente. ¿Cómo se reconcilia el hecho de que no hay hombre justo en la tierra, con el hecho de que Dios declara a Job y Noé, como perfectos y rectos? La razón que no hay hombre justo en la tierra es porque el pecado original nos constituyó a todos pecadores (Rom 5:19), incluyendo a Job y Noé. Pero estos hombres creyeron, no solamente en Dios, sino que creyeron a Dios, creyeron lo que Dios dice, creyeron la Palabra de Dios. Como señalamos anteriormente, para Dios <la Fe equivale a Justicia>. Por lo tanto, Dios les imputa la Justicia de Dios que es en Cristo. Esto quiere decir que los méritos del sacrificio de Cristo son atribuidos al creyente, y su sangre derramada le limpia de todos los pecados para siempre. Ahora Dios puede perdonar y salvar a cualquier impío sin defraudar su propia Ley. De modo que Dios puede llamar justos y perfectos, no solamente a Job y Noé, sino a todos los que hemos nacido de nuevo por la Fe en Cristo; por eso es que Dios llama santos a todos los creyentes en Cristo (Rom 1:7, 2Cor 1:1, Efe 1:1, Col 1:2).

 

Una Posible Pregunta

Quizás alguien pregunte: ¿Cómo es posible que Job y Noé hayan sido justificados por el Señor JesuCristo, cuando ellos vivieron y murieron antes de que Cristo viniese a este mundo? Contestación: Job, Noé, y todos los creyentes del Antiguo Testamento fueron justificados por creer la Palabra de Dios. En el Nuevo Testamento Dios nos revela que Cristo es la Palabra de Dios hecha carne, o sea, hecho hombre (Juan 1:14). Por consiguiente, tanto los creyentes del Antiguo Testamento como nosotros los creyentes de hoy día, somos justificados ante Dios por creer la Palabra que Cristo habló, es decir, que somos salvos por creer la Palabra de Dios, al igual que Job y Noé.

 

Conclusión

El Pecado Encubierto es muy difícil de reconocer como pecado; por eso es que le cabe el nombre de “encubierto” porque su apariencia engaña. Se necesita conocer y creer la Palabra de Dios para reconocerlo como pecado. El mismo profeta Isaías se incluye él mismo cuando dice que todas nuestras justicias [propias] son como trapo de inmundicia (Isa 64:6). Por lo tanto, solamente por los méritos de la Sangre derramada de Cristo, Dios nos imputa la Justicia de Dios que es en Cristo, cuando aceptamos a Cristo por Fe. No olvide que <la Fe en Cristo equivale a Justicia>.

Amado lector si usted cree que es justo y bueno, confiese ese su pecado ante Dios, y acepte la Justicia Imputada que es en Cristo, y verá la diferencia. Que el Señor Jesús os ilumine el entendimiento...Amén.

 

 

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