¿DEBE SER RESTAURADO AL PASTORADO

UN MINISTRO QUE HA CAIDO EN EL PECADO

DE FORNICACIÓN O ADULTERIO?

Por Lavon Waters, misionero a España

 

Sabemos que en esta vida hay muchas cosas en que uno puede quedar permanentemente descalificado. Por ejemplo, un desertor del ejército es dado de baja para siempre y nunca más puede volver a ser soldado. Como este ejemplo hay muchos más.

 

En el ministerio del Señor, puede ocurrir que un pastor caiga en el pecado de adulterio o fornicación. Creo que es importante tener una postura y declarar la misma en caso de que algún día tengamos que tratar con un caso semejante.

 

Veamos lo que dice Dios en (1Timoteo 3:2) “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible.” También en (Tito 1:7) Dios dice: “Porque es necesario que el obispo sea irreprensible.” La palabra irreprensible quiere decir que no tenga nada en su vida que se le pueda reprochar. Para nosotros en la iglesia, el cuerpo de Cristo, y también para la sociedad en general todavía el adulterio y fornicación son manchas permanentes sobre una persona, especialmente sobre un predicador.

 

Desde luego sabemos también que bajo la Gracia, si alguien se arrepiente de su pecado, cual sea, puede ser perdonado. Pero esto no quiere decir que un pastor que ha cometido adulterio o fornicación tenga derecho a volver a ejercer el pastorado y dirigir una iglesia. El Señor puede perdonarle, pero él tendrá que ubicarse como un siervo más, y ayudar en todo lo que pueda, predicar el Evangelio con el testimonio de una vida limpia, y por supuesto seguir adelante. Pero volver al púlpito sería un error.

 

En el Antiguo Testamento, según la Palabra de Dios, nadie podía ser sacerdote si tenía una mancha en su carne o si era cojo o si tuviese algún otro defecto; esto era así aunque fuese hijo de Aarón. Es decir que cualquier mancha descalificaba a un levita hijo de Aarón de ejercer el sacerdocio.

 

Leemos en (Proverbios 6: 32-33) “Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace. Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada.” Creemos que toda Palabra de Dios es útil para corregir e instruir en justicia. Así es que está claro el pecado de adulterio en un pastor, aunque luego se arrepienta, le ha producido una mancha permanente y también su afrenta nunca será borrada. Por lo tanto de acuerdo a la Sagrada Escritura, el tal pastor no debe volver a ejercer el pastorado.

 

Esto también debe servir para disuadir o detener a cualquier joven cristiano que aspire a ser predicador del Evangelio y se abstenga de tales pecados, y se guarde puro para el Señor.

 

El Apóstol Pablo deja esta idea bien clara en (1Corintios 9:27) “sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”

 

Otra razón para que el cristiano se guarde de este pecado la encontramos en (1Corintios 6:18) “Huid la fornicación, cualquier otro pecado que el hombre cometa, esta fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.”

 

Una vez una persona recibe al Señor JesuCristo, el Espíritu Santo entra en esa persona y hace de ese cuerpo templo de Dios, comprado por precio de la Sangre Preciosa de Cristo, Vers. 19-20. No en balde el Espíritu Santo amonesta: “Huid la fornicación.”

 

Es posible que la fornicación o adulterio en el creyente sea el pecado de muerte mencionado en (1Juan 5:16-17). Pienso así porque dice la Escritura: en 1Cor 3:16-17) “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu Santo mora en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal.”

 

A mi entender, esta Escritura indica que si un verdadero creyente cuyo cuerpo físico es profanado por el pecado de fornicación o adulterio, Dios destruye ese cuerpo por medio de la muerte física; sin embargo su alma permanece salva. Véase (1Cor 5: 1-:5).

 

Nota de Redacción

Después de considerar lo que Dios dice en las Escrituras que el Hno. Lavon ha presentado, podemos asumir que cuando un verdadero creyente en cuyo cuerpo mora el Espíritu Santo, sea pastor o no lo sea, comete fornicación o adulterio, el Señor se lo lleva por medio de muerte porque ha profanado su cuerpo el cual es templo de Dios.

 

Pero si el Señor no se lo lleva; eso quiere decir que su cuerpo no era templo de Dios; por lo tanto, póngale el sello: el tal no es del Señor, es un inconverso, cizaña en el reino de los Cielos (Mateo 13:24-30), y lo que hace es perjudicar a Cristo y la iglesia. Por lo cual dará cuenta en el día del Juicio Final, si no se arrepiente de verdad mientras vive

 

 

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